Cádiz, en invierno cuando no hay turistas en busca de playas ni gente buscando su famoso carnaval deja salir su verdadera esencia. Una tarde me encontré con este hombre que acompañaba a su amigo que tocaba la guitarra en la calle para sacarse un dinerillo. Él, lleno de tatuajes, se entretenía pintándose la piel con la tinta de un bolígrafo. Así, cuando se le borraban tenía otra vez el lienzo para poder pintar. Me dijo que le gustaba sentirse un "cuadro viviente"...
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